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Poema VII. Sobre la momentaneidad de los tiempos

Se ha venido a parar el tiempo
en este momento,
breve pero intenso,
en el que la complicidad nos enlazaba
y nos llenaba una sola mirada.
Se ha parado
aquí y ahora,
con desconcierto de la gente,
con un silencio que me envuelve.

Detenido me busca,
me observa jocoso.
Sabe que me asfixia,
que me mata poco a poco
el saber de una muerte prematura.
Detenido me examina,
se ríe a carcajadas
de saberse poseedor
de lo que tanto quería.

Se ha parado el tiempo en un segundo,
para romperme la razón,
o tal vez sólo la voz.
Se ha parado para quebrarme
la poca cordura que me queda
en dos.

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Cada uno de vosotros

Los primeros amores sangran
como todos aquellos de verano,
media vida en las afueras
y aquel que personificaba lo vano.
Un avión al paraíso
y las fugacidades de un beso,
nos impulsamos sin quererlo a lo inadecuado,
tras años de pasión, un preso.

El adiós en las distancias
y la rabia de quien pierde el juego,
en esta historia unos cuantos sinsabores
y todo lo prometido que quemaste luego.
La más absurda de las farsas,
impulsivas decisiones y un triste trago,
ilusiones de humo y versos
y la pena que inundó un estrago.

Todos mis amores de tinta,
entierros de papel sin decoro,
cada uno de los hombres de mi vida,
flores de barro,
copas de vino vacías,
amaneceres sin sol
y todas las lunas escondidas,
una por cada uno de vosotros.

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

Acciones sin pensar

Son las acciones
que creemos premeditadas,
las que más calibramos,
las sencillas pero de largo asentadas;
que crean las más profundas,
las más hirientes,
las más duraderas e irreparables
heridas en el alma.

Nos creemos caballeros,
protegidos por el amor de nuestras damas,
tachamos al mundo de demente
mientras nos engañamos en otras camas,
más cercanas,
más simples,
menos verdaderas,
sirvientes de razones faltas de corazón.

Malditas todas esas acciones
y la mano tonta de sus cobardes,
odiosas las luces de noche
y todos los pensamientos por los que ardes,
tras ellas solo hay silencio,
lágrimas a oscuras,
interiores rotos,
hipotéticos escenario que conjeturas son.