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Los sentidos anochecidos

Voy a dejar esto al aire,
a las deshonras de los pormenores
de las historias que no acabo,
de los cuentos que no relato,
de todas las tazas de té tibio
y de las sombras en las velas apagadas.
Voy a escribir esto aquí,
a las tantas de la madrugada,
con el cansancio entre los párpados
y la mirada perdida en tus ojos
por si el mar no es infinito,
por si las gotas de la lluvia vuelven
y me borran todas las lágrimas de olvido.

Me ha arrastrado a este párrafo
un sentimiento de asco inmenso
que no se borra con agua fresca,
ni con duchas heladas que devuelven a la tierra;
y me he quedado a observarlo,
a quererlo como un viejo amigo,
a odiarme entre sus renglones
y a adueñamer de lo que no es mío.
Me ha arrastrado la corriente
de los pensamientos sin sentido,
de los amaneceres sin abrigo,
de lo que nunca he tenido,
y me ha parecido eterno,
un instante congelado en el recuerdo,
un vacío que merezco
y todo lo anodino que no acepto.

Me ha cogido el insomnio
como si suyo fuera mi tiempo
para llenarme de verdades a medias,
para nublarme los horizontes estrellados,
para desenfocar las postales del alma
y recordarme que son bellas las rosas
de aquellos que no pueden tenerlas.
Me ha cogido por sorpresa esperada,
en una luz oscura,
en un tránsito directo,
entre los finales que comienzan
y los principios que pronto acaban.
Me ha tomado suya,
sin oposición ni resistencia,
pues son las conclusiones corchetes a medias,
puntos olvidados en un papel sin palabras,
una fuente de agua helada
y una taza de tequila en las mañanas.

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Cada uno de vosotros

Los primeros amores sangran
como todos aquellos de verano,
media vida en las afueras
y aquel que personificaba lo vano.
Un avión al paraíso
y las fugacidades de un beso,
nos impulsamos sin quererlo a lo inadecuado,
tras años de pasión, un preso.

El adiós en las distancias
y la rabia de quien pierde el juego,
en esta historia unos cuantos sinsabores
y todo lo prometido que quemaste luego.
La más absurda de las farsas,
impulsivas decisiones y un triste trago,
ilusiones de humo y versos
y la pena que inundó un estrago.

Todos mis amores de tinta,
entierros de papel sin decoro,
cada uno de los hombres de mi vida,
flores de barro,
copas de vino vacías,
amaneceres sin sol
y todas las lunas escondidas,
una por cada uno de vosotros.

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

Acciones sin pensar

Son las acciones
que creemos premeditadas,
las que más calibramos,
las sencillas pero de largo asentadas;
que crean las más profundas,
las más hirientes,
las más duraderas e irreparables
heridas en el alma.

Nos creemos caballeros,
protegidos por el amor de nuestras damas,
tachamos al mundo de demente
mientras nos engañamos en otras camas,
más cercanas,
más simples,
menos verdaderas,
sirvientes de razones faltas de corazón.

Malditas todas esas acciones
y la mano tonta de sus cobardes,
odiosas las luces de noche
y todos los pensamientos por los que ardes,
tras ellas solo hay silencio,
lágrimas a oscuras,
interiores rotos,
hipotéticos escenario que conjeturas son.