Cuando tú y yo sea nosotros se pararán las campanas, repicarán las cacerolas en nuestro nombre, indivisible y eterno. Cuando tú y yo sea nosotros no ocurrirán más guerras de bandos absurdos, de golpes por llanuras solitarias, áridas y desamparadas de todo amor. Cuando ese tú pierda el ego, deje de lado la absurda servidumbre, se llene de equivalencias doradas, de besos sinceros a los golpes del piano, sofocados sólo por el crepitar de nuestro fuego, ahogados en las caricias que nos damos. Cuando este yo sin corazas se quede sin argumentos para darle la espalda al corazón, y te devuelva las miradas con la alevosía de un crimen pasional y con la inocencia de los hijos que no tenemos. Cuando nosotros sea el todo, aquello inamovible que nos quema, profundo y sin recovecos, sin esquinas en las que escondernos, sino un páramo verde, la tormenta de tus manos sobre mi espalda, las constelaciones de tus lunares, y las lunas de tus ojos como testigo. Cuando el nosotros sea el todo, nuestra poses...
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