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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Sesión IX: De la tormenta en la balanza

Me he quedado dormida pensando en ti, en tus brazos rodeándome y tu voz susurrándome al oído. Eres como una extraña obsesión que va aquí y allá por mi mente como si fuera imposible evitarte, como si, aunque no lo recordara, pudiera volver a sentir tus labios o, con suerte, tu aroma.
Todo lo impregnas en estos días de verano tardío, en los que deseo un giro inesperado del destino o de un golpe de suerte sin más. Cuando todo lo llenas, todo lo invades, haces irse a todo lo demás: todos los miedos, todos los temores, todo el dolor se difumina, como las notas que se suceden en el piano.
He sido increíblemente paciente con ello, aún cuando me come por dentro la desdicha de que estés lejos, inalcanzable, y a un paso a la vez. Te amparas en la lejanía y en una promesa que sé absurda. Y mientras te pienso se me pasa la vida, queriendo sentirme a salvo o correr o poco de riesgo, o todo a la vez. Mientras te pienso, crece un deseo que sólo tú y yo sabemos que existe, que alimentamos poco a poco…

Eras tú.

Ráfagas de ti
me asolan
con tu nombre,
y el susurro de los besos
de almas perdidas
de mis hombres. Soplan de poniente
audaces como rayo
sentidos pesares,
temidos por locura
o por audacia pasajera
de dulces cantares. En mi sueño
profundo,
taciturno,
has sido un reflejo,
un simple llanto
de la noche interminable
de pasillos en la noche
y de niebla en los espejos.