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Mostrando entradas de noviembre, 2017

Guiones

Pasa a veces,
en este teatro que es la vida,
que se cambian los papeles
de quien tenía el porvenir
en los brazos de agua cristalina,
y cae por gravedad,
por fluidez natural y esperada,
crea un estropicio,
un desorden megalomagno,
y se libra, por un instante,
del destino, adivino del azar.

Se pierde el guión por un instante,
se evapora el telón,
se hacen escarcha los deseos
y los planes se destrozan
al ritmo de la lluvia
contra el metal de nuestro tejado,
cobre barato cubriéndonos las espaldas;
se destrozan las letras
y ya no hay párrafo que lo remedie,
se ha llevado a los confines del abismo
de esperanza el último resquicio.

Ya en la oscuridad
del camerino destartalado,
de la silla rota
y el tacón desparejado,
repasa el actor sus líneas,
ahora extrañas y desconocidas amantes,
por ahorrarse la sorpresa
de un nuevo revés enrevesado
que le lleve al más estrepitoso de los fracasos,
de vuelta a la pregunta incesante,
al frío de un público indiferente.

Un acto más
y le rompen los esquemas,

Meterologías

Buscamos en las nubes
una razón de coexistencia,
un encuentro fortuito
con la verdad más estrepitosa,
con la catástrofe natural
del huracán que generaba mi falda
al cruzarse con tus ojos de tormenta
en un pasillo de la vida al azar.

Intentamos retener
las constelaciones del cielo en verano,
encapsuladas en las córneas
y avivadas con recuerdos
de besos y caricias pasados.
Intentamos guardarlas
como los tesoros crepusculares
de brillo infinito, de incesante belleza,
en cofres del marfil de tu piel nívea,
en fotografías del agua del mar perturbada.

Buscamos en lo inconexo
un patrón del azar meteorlógico,
una intención más allá de las formas,
con la corrección social como bandera,
con la certeza absurda
de la predicción del sol en tus lunares
al caer la tarde se nublaba nuestro letargo,
un adiós a la infinitud del tiempo.

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

Cuando tú y yo sea nosotros

Cuando tú y yo sea nosotros
se pararán las campanas,
repicarán las cacerolas
en nuestro nombre,
indivisible y eterno.

Cuando tú y yo sea nosotros
no ocurrirán más guerras
de bandos absurdos,
de golpes por llanuras solitarias,
áridas y desamparadas de todo amor.

Cuando ese tú pierda el ego,
deje de lado la absurda servidumbre,
se llene de equivalencias doradas,
de besos sinceros a los golpes del piano,
sofocados sólo por el crepitar de nuestro fuego,
ahogados en las caricias que nos damos.

Cuando este yo sin corazas
se quede sin argumentos
para darle la espalda al corazón,
y te devuelva las miradas
con la alevosía de un crimen pasional
y con la inocencia de los hijos que no tenemos.

Cuando nosotros sea el todo,
aquello inamovible que nos quema,
profundo y sin recovecos,
sin esquinas en las que escondernos,
sino un páramo verde,
la tormenta de tus manos sobre mi espalda,
las constelaciones de tus lunares,
y las lunas de tus ojos como testigo.

Cuando el nosotros sea el todo,
nuestra posesión más preciada,
entonces…