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Mostrando entradas de junio, 2016

El reloj

Me miraba el mundo con ojos endiablados,
con la incomprensión como firma,
intentando meterme en cintura,
abanderados de la causa del tiempo.
Me observaba la gente confusa,
presa de las modas pasajeras,
insensatos, envidiosos de esta cruzada
de mis pensamientos contra el universo.

Me atrapaban estas cuatro paredes,
con la contra entre los labios,
intentando impedir nuestro encuentro,
luchadoras amigas de la distancia.
Me comían las inquietudes,
sabedoras de mis miedos más aférrimos,
ponzoñosas, endiabladas en el alma
de quien desea sin miedo unas llamada.

Me descubrió mi reflejo en el cristal,
una nueva dimensión desconocida,
un atisbo del brillo perdido,
quizás una quimera enrevesada.
Me descubriste tú entre la gente,
los miedos a flor de piel
y las espectativas por los suelos,
un amanecer de sueños incesantes.


Acordarse

Me acordé de ti en las mañanas frías,
en un pestañeo fortuito.
Me acordé de ti entre las sombras
y con los abrazos de la gente.
Me acordé de ti y de tu sonrisa,
esa que me dedicabas sólo a mi,
esa que parecía algo especial.
Me acordé de ti cuando me perdí,
cuando el rumbo ya no era fijo
y mi vida daba vueltas sin concretar.

Me acordé de mí en las tardes de calor,
en unas lágrimas que no eran mías.
Me acordé de mí bajo el sol
y con la soledad más absoluta.
Me acordé de mí y de mi tristeza,
esa que afloraba con cada pelea,
esa que te hacía superior.
Me acordé de mí cuando me encontré,
cuando cogí las riendas
y se marcaba el camino en el sendero.

Me acordé de ti en la noche,
en un incesante desconcierto.
Me acordé de mí en la nieve
y tiritando de frío el corazón.
Me acordé de ti, de mí y de nuestro vaivén,
ese entre la felicidad y el vacío,
ese que no nos dejaba dormir.
Me acordé de mi, sin ti, cuando desperté,
cuando supe que eras pasado
y se apagaba la melodía de esta triste canción.

Ir

Voy a escribirle a esta canción desesperada,
o al viento que arrastra mi pelo bajo la bufanda.
Tal vez a las olas que acarician mis pies,
o a lo imposible que fue levantarse esta mañana.
Voy a escribirle a todo a la vez,
y a nada demasiado concreto,
por si me asusta lo que dice mi alma
o por si me vuelve a jugar una mala pasada.

Voy a escribirle a cada recuerdo,
pero no a los que me hacen sentir bien,
sino a todos mis errores,
a los que me han hecho así.
Voy a escribirles a todas esas malas sensaciones,
todas esas que me recorren el cuerpo,
día sí y día también para mortificarme
y les voy a pedir que no vuelvan más.

Y por mucho que les escriba esta misiva,
algo desesperada y con la gracia de lo fúnebre,
sé que me omitirán sin más
y volverán todos los días de mi vida sin falta.
Por mucho que les ruegue clemencia,
o quizás un golpe algo menos directo,
sé que van a marcar lo que me queda de vida,
si es que aún queda algo en este cuerpo inerte.

Y por poco que quiera reconocerlo,
tras una …

Necesidades

No necesito señales,
ni marcas en el calendario,
para recordar el día,
que me diste un beso.
Ni tampoco cerrar los ojos,
ni apartar la mirada,
para saber lo que quieres
y mira que sé bien de eso.
No necesito que hables,
o que respondas a algo bonito,
si con una mirada me lo dices todo
y me haces que en ella me pierda.

Lo que sí necesito
es que me quieras,
que me quieras fuerte,
que me dibujes ese corazón
todos los días en los ojos.
Y necesito que me beses
con esa pasión y dulzura,
con esos abrazos que saben
a todo aquello que deben saber las nubes.
Y necesito que seas tú,
porque no hay nadie mejor,
que no cambies nunca
a no ser que sea en esta lucha,
sin cuartel y sin demora,
en tu cama.

Sé tú y sé conmigo,
sé siempre todo esto,
todas estas cosas buenas
y todas las malas que quieran venir.
Si necesito algo,
no es que tú seas tú,
o que yo sea yo.
Si quiero algo
es ser nosotros.

Para quedarte

Seguridad, compañera,
hoy has vuelto para quedarte.

Me has dado todo lo que añoraba,
las sonrisas al despertar,
un filtro esmeralda
para esta vida absurda
que ahora se vislumbra un poco más.

Me has dado un aliento,
un poco de aire,
un plan de perderme para bien,
frases que dicen mucho más
de todo lo que puedo entender.

Me has dado calor,
la emoción de una cita de verano,
de un helado en el parque,
una sombra de los árboles,
y un beso de madrugada.

Me has dado alegría,
de un trabajo bien recompensado,
la vista panorámica en un paseo,
esa adrenalina después de saltar
hacia el vacío y sin paracaídas.

Compañera, fiel amiga,
hoy has vuelto a mi vida,
con unos ojos preciosos,
y una sonrisa que regalarme.
Hoy, hoy volviste para quedarte.

Un adiós

Se va a cruzar en mi mente
un adiós absurdo al mundo,
a las cosas tangibles,
a las melodías
y a los colores de estos ojos.
Un adiós que no suene,
que nadie oiga,
que me lleve lejos
a lugares más benevolentes,
y me deje desde allí ver el mar.

Se va a cruzar en este entuerto
un punto ciego sin retorno,
un callejón de fondo,
una muralla delante
y luces cegadoras sin sentido.
Un punto ciego enfocado,
directo a las heridas,
concienciado a manipularme,
peleador nato
y destructor natural.

Adiós y este punto de no retorno,
ya cruzados y enfrentados,
concilian tregua a mis espaldas
contra mi persona,
contra mi voluntad.
Eternos rivales se saben vencedores,
con las luces del alba,
con las manos ensangrentadas,
con la soga al cuello
y ese olor rancio a pasado.

Se va a cruzar en el ahora
una derrota poco evitable,
un momento de autodestrucción,
eterno e inmoral,
infinitamente perfecto.
Un odio infinito,
una bella caricia con la muerte,
una dulce melodía fúnebre,
una tumba de mármol blanco,
un adi…

Las camelias

Ha llegado la noche de brujas, como todas las noches desde hace unos meses, para traer mis miedos a mi vera, para que los vele y los ampare de este mundo cruel que intenta desvanecerlos.

Con mi túnica roída por los años, vieja y sucia hasta el punto de que no recuerdo ni atisbo su color, me adentro en el páramo lleno de niebla. Vuelvo a sentir en esta noche una vez más el frío del terreno empapado por la lluvia que no ha cesado durante estos días, aunque aparentemente todo haya sido un sol brillante y un cielo espectacular que regalar.
Me acaricia la planta de los pies cada brizna de este césped, que muere a mi paso para hacerse más oscuro, más seco, más frío aún. Se enredan en mis harapos todas esas flores ahora mustias, sin vida alguna, que antes representaban mis sueños y mis esperanzas. Me acompañan las arañas y algún que otro insecto en el camino, como en un intento de burlarse de mi, como en una bella alegoría de que he llegado al más profundo rincón de todo cuanto conozco y sie…

Planes contigo

Voy a hacer mil planes contigo.
Para ir a la playa
en un día de sol horrible,
o para subir a la montaña
cuando la ciudad nos coma.
Planeemos una escapada
un fin de semana cualquiera,
a donde sea,
me da igual si es contigo;
si hace frío fuera,
o si el calor nos invita al agua,
todo me da igual,
si es contigo.
Planeemos una cita,
o dos, o cuatrocientas.
Planeemos vernos por sorpresa
y olvidemos el calendario
o el reloj de tu cuarto.
Planeemos una noche de estrellas,
un amanecer en la arena,
un paseo por el bosque.
Planea todo conmigo,
menos el amor que compartimos,
esos momentos de pasión que vivimos,
o las duchas en verano.
 Planea conmigo lo que quieras,
que yo lo quiero todo,
y más si es contigo.

Al sudor frío y la sangre caliente

Es a esta hora,
de calor sofocante
y de un sol que nos abrasa,
que tengo frío.
Serán los nervios,
o el saberte deseoso,
o quizás tu sonrisa pícara,
que me produce escalofríos.
Serán las manos temblorosas,
las ganas de besarte,
o de verte,
o de mirarte a los ojos y perderme,
o de sentirme a salvo de nuevo,
o quizás todo a la vez,
pero siento frío.

Es a esta hora,
a la que nadie sale,
a la que nadie abandona la sombra,
que me asomo a la calle para buscarte.
Serán tus mensajes,
o tus misivas menos indecisas,
o tu seguridad al cautivarme,
que me aventuro al bochorno por ti.
Quizás sea todo junto,
o el hecho de sentir algo más,
la necesidad de saber qué piensas
o qué quieres de manera real,
la calma en tu semblante,
o el deseo de verme desnuda pasear,
pero siento la sangre arder.

No sé si es el frío de los nervios,
o el calor del deseo que nos guardamos,
que me hacen escribir mis dudas,
más aturulladas,
más confusas,
más claras que nunca.
Sea como sea,
sólo te pido que te lleves con tu cal…

Mensajes al alba

Tú me dices que piensas en mi medio dormido, y a mi me despierta el sólo hecho de pensar en ti. Me tientas para que te enseñe lo mucho que te echo de menos, y lo que no sabes es todo lo que te diría si supiera que no habrá miedos de por medio. Te escribiría esa cama todas las noches mil poemas, para que no los entendieras, y con una excusa perfecta nos llevara la conversación a cualquier derrotero, a cualquier otra parte. Te leería mil historias y escucharía contigo todas esas canciones que me muero por cantarte. Te miraría a los ojos para perderme en ellos y no volver a la realidad jamás. Te diría todo esto si fuera un poco menos cobarde y un poco más descuidada. Te contaría que no importa el tiempo o las velocidades, si al final de todo estás tú, me quedo sin casi pensarlo. Sin casi ser consciente de ello. Sin casi darte motivos, para que los encuentres tú solo. Te diría tantas cosas que se me quedarían cortas todas las palabras del universo entero.
Te diría que tú, tan bien co…

Poema VIII. Sobre las prisas y las pausas

Son las prisas y las pausas
las que matan,
o tal vez avivan
la sensación de algo certero,
la visión de lo imposible.

Prisa, mujer pretenciosa,
abarca todo cuanto puede,
bebe de la impaciencia,
de las ganas de un beso,
de las decisiones sin pensar,
de los últimos alientos.
No entiende de ti y de mi,
ni de la situación que nos desborda,
ni de mis miedos,
ni de tu angustia.
No entiende el paso de las horas,
de lo correcto o lo verídico,
de tus ojos o mis llantos,
de mis huidas y tus tangentes.

Pausa, descuidada pero metódica,
freno descontrolado,
se alimenta de mi dolor,
de la necesidad de que corra la vida,
del ansia de que me lleve la muerte,
de los precipicios con los que coqueteo.
No va con ella la necesidad,
las ganas o la codicia,
los testigos o las sombras borrosas,
las palabras que no fluyen.
No va con ella mi lacayo,
sí mi verdugo fiel,
mi eterno enemigo,
mi acompañante de noches plomizas.

Prisa y pausa, amigas contrarias,
duelistas de mi espacio vital,
se juegan los trastos de …

Poema VII. Sobre la momentaneidad de los tiempos

Se ha venido a parar el tiempo
en este momento,
breve pero intenso,
en el que la complicidad nos enlazaba
y nos llenaba una sola mirada.
Se ha parado
aquí y ahora,
con desconcierto de la gente,
con un silencio que me envuelve.

Detenido me busca,
me observa jocoso.
Sabe que me asfixia,
que me mata poco a poco
el saber de una muerte prematura.
Detenido me examina,
se ríe a carcajadas
de saberse poseedor
de lo que tanto quería.

Se ha parado el tiempo en un segundo,
para romperme la razón,
o tal vez sólo la voz.
Se ha parado para quebrarme
la poca cordura que me queda
en dos.

Poema VI. Sobre el camino figurado.

Es este camino
mi vida entera,
una frase inacabada,
una gota de tinta forzada.
Se dibuja y se emborrona
entre los días y las horas,
mi mano la traza decidida
cautiva de una idea perdida.

Es este camino,
mi reflejo inherente,
un simple espectador,
un complejo admirador.
Sigue hacia delante
con promesas descaradas
de colmarme de razones,
de cautivarte con ilusiones.

Poema V. Sobre lo que guardamos y callamos.

Me guardo un apelativo
en el fondo del bolsillo,
para cuando bajes la guardia,
para los momentos que contigo vivo.
Me guardo las emociones
en el rincón de la habitación,
hasta que nos encontremos en el centro,
hasta que se inicie esta batalla.

Te guardas tus razones
en un cajón sin mi nombre,
bajo afinidades con los elementos,
bajo amistades duraderas.
Te guardas las formas
esparcidas por el suelo,
ante las miradas incrédulas,
ante las malditas apariencias.

Se guarda el destino un revés
siempre a nuestra espalda,
para que temamos su llegada,
hasta que no podamos más.
Se guarda, jocoso, el futuro
que nos describe a ti y a mi,
bajo una apariencia de algo nuevo,
ante luces difusas.

Me guardo mis miedos
sin poder del todo esconderlos,
y tú te guardas tus pensamientos
por miedo a una avalancha,
se guarda el destino el derecho
de dejarnos en la estocada.