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Perspectivas

Líneas inestables,
inseguros trazos de agonía,
un punto ciego hacia el abismo, 
el color rosado de nuestros días.

Perspectiva diligente,
caballera, infame,
casi real, fátua,
casi elocuente, que la tinta derrame.

Perspectiva restringida,
isometría de las formas,
cuadriculada,testaruda,
fiel villano de las normas.

Perspectiva encapsulada,
militar en guardia,
disciplinada, cerrada,
antigua y repulsiva vanguardia.

Perspectiva elocuente,
fugada y potente,
distorsionada, presente,
fiel retrato de los ojos de la gente.

El cazador

Corre la presa
a manos de su cazador,
ansiosa de muerte,
acaramelada y dulce,
añorada,
satinada,
tanto extasiada.

Corre el cazador
en busca de su presa,
nublado de sed,
volumínica y tétrica,
enmascarada,
teatralizada,
tanto anhelada.

Corre el tiempo
entre ambos congelado,
sombrío y grisáceo,
completamente frío,
enterrado,
aniquilado,
tanto olvidado.

Espera la presa
a ser ella cazador,
trampa sincera,
miel afrutada,
amargo y sabroso
café de amor.

Espera el cazador
a ser por fin presa,
venas temerosas,
idealizada la ilusión,
todo rosado y carnoso,
late de nuevo el corazón.

Dos minutos

Cada dos minutos
exactos,
impertinentes,
te apareces en mi mente
nube amenazando lluvia,
tempestad descontrolada,
maldición anticipada.

Cada minuto y medio,
más o menos,
no muy calculados,
tu sombra se pasea altiva
por laberintos en mi alma,
por recovecos de las estrías,
por mensajes debajo de la mesa.

Cada minuto
nueva perspectiva,
una dirección más al sur,
un norte sin sentido,
el este arrogante dicta normas,
un oeste innecesario.

Cada treinta segundos,
fugaces,
pasajeros,
se me parte el alma,
se me quiebra la voz,
los ojos se encharcan,
me recorre los labios un adiós.

Cada ahora,
punzante y afilado,
instante estúpido,
me mira de reojo el reloj,
señala el retroceso hacia el mar,
un vacile del destino,
un final sin giro de guión,
una luz agonizando,
un cadáver reanimado,
una sensación intensa de añoranza,
y no sé, no sé
si todo esto iba por ti
o por el maldito invierno.

No

Y si nos miramos de frente,
o callamos las verdades de lado,
damos la espalda a la mentira
y nos llevamos cruzado el recuerdo.
Si nos damos la mano una noche
y cordialmente nos inclinamos,
si un saludo nos hace mella en las entrañas
y la sonrisa pasajera se instala ocupa.

Y si nos sentamos frente a frente
para ser falsos a bocajarro,
o nos sentamos al lado
intentando guardar las apariencias.
Si nos acurrucamos en un sofá
y dejamos pasar las horas,
o compartimos apretados
un estúpido viaje en metro.

Y si te vas sin pensarlo dos veces
aunque jures que así no era,
o te quedas otras mil noches
sin el sabor particular del amor.
Si desapareces como si nada
y vuelves por mero impulso,
si nunca estuviste de verdad
y tu presencia era un fantasma.

Si me enseñas todo esto,
señalas las mil cosas a medias,
o acaso te burlas de esta estúpida misión
sin deseo alguno de remedio.
Si vienes a decirme que lo sientes
pero las palabras están vacías,
si tienes el reproche en la mano
y la boca llena de todo…

Nuestras razones

Cuando se apague la luz,
cerremos las cortinas,
nos vayamos a la cama en silencio
y resuenen las voces vecinas.
Cuando se repitan las historias,
aquellas que no sirven para nada,
maravillosas las inútiles agonías
y las palabras del todo vacías.

Cuando no nos quede un resquicio,
de piedad,
de dolor,
de sangre seca,
de miradas atravesadas
en los filos del discurso.
Cuando nos llene el odio,
podrido,
sin sentido,
angustiado,
apagado
en un intento de salvarnos.

Cuando nos aceche la muerte
en los días venideros,
y nos lleve en sus mantos
de recuerdos ajenos.
Cuando nos abrace el mutismo,
el vacío elocuente,
y nos bese en la frente
otro extraño pasajero.

Cuando pase todo el tiempo
que tengamos para amarnos
y hayamos decidido,
volátiles nosotros,
que ya tuvimos suficiente.
Cuando quede una gota,
una lágrima,
un beso,
un pétalo en la almohada
y una sonrisa desencajada.

Cuando nos miremos a lo lejos
un día de estos,
y nos crucemos las miradas
con el fuego aún ardiendo,
sabremos, querido mío,
que…

Cada uno de vosotros

Los primeros amores sangran
como todos aquellos de verano,
media vida en las afueras
y aquel que personificaba lo vano.
Un avión al paraíso
y las fugacidades de un beso,
nos impulsamos sin quererlo a lo inadecuado,
tras años de pasión, un preso.

El adiós en las distancias
y la rabia de quien pierde el juego,
en esta historia unos cuantos sinsabores
y todo lo prometido que quemaste luego.
La más absurda de las farsas,
impulsivas decisiones y un triste trago,
ilusiones de humo y versos
y la pena que inundó un estrago.

Todos mis amores de tinta,
entierros de papel sin decoro,
cada uno de los hombres de mi vida,
flores de barro,
copas de vino vacías,
amaneceres sin sol
y todas las lunas escondidas,
una por cada uno de vosotros.

Besos enteros

Nos encontramos en los puntos medios,
y en cada uno de los extremos,
en las lluvias y tempestades,
en los colores de las mañanas.
Nos encontábamos porque nos buscamos,
a fuego lento en las conversaciones,
con la pasión ardiendo en las ventanas,
en cada uno de los rincones de la cama.
Nos buscamos con las manos frías
pero con el corazón irradiando ganas,
con la pausa de la paciencia aprendida
y la prisa del conocimiento sin medida.
Nos buscamos porque nos amamos,
en los momentos amargos de jengibre,
lo salado del mar llamando
y todo lo dulce si nos acurrucamos.
Nos amamos,
en las miradas sostenidas,
y en las fugaces, de pasada en la orilla,
en las sonrisas de frente
y en los guiños al soslayo del abrazo.
Nos amamos,
nos entendemos en las sobras,
nos perdemos en las luces de besos enteros;
y es eso, que nos amamos,
aunque sea aún pronto, nos callamos.

Los sentidos anochecidos

Voy a dejar esto al aire,
a las deshonras de los pormenores
de las historias que no acabo,
de los cuentos que no relato,
de todas las tazas de té tibio
y de las sombras en las velas apagadas.
Voy a escribir esto aquí,
a las tantas de la madrugada,
con el cansancio entre los párpados
y la mirada perdida en tus ojos
por si el mar no es infinito,
por si las gotas de la lluvia vuelven
y me borran todas las lágrimas de olvido.

Me ha arrastrado a este párrafo
un sentimiento de asco inmenso
que no se borra con agua fresca,
ni con duchas heladas que devuelven a la tierra;
y me he quedado a observarlo,
a quererlo como un viejo amigo,
a odiarme entre sus renglones
y a adueñamer de lo que no es mío.
Me ha arrastrado la corriente
de los pensamientos sin sentido,
de los amaneceres sin abrigo,
de lo que nunca he tenido,
y me ha parecido eterno,
un instante congelado en el recuerdo,
un vacío que merezco
y todo lo anodino que no acepto.

Me ha cogido el insomnio
como si suyo fuera mi tiempo
para llena…

En las fugacidades

En una ensoñación,
en un momento de desconexión,
sentí, pot un leve instante,
tu mano en mi hombro,
tus ojos clavándome la mirada,
tus labios a punto de decir "lo siento".

En un segundo,
en un deseo impropio de este mundo,
percibí, casi sin quererlo,
que se había marchado el órden,
que era el caos nuestro horizonte,
que era el azar el intruso del viento.

En un pestañeo,
en un punto de tu discurso breo,
denoté, con un poco de astucia,
una palabra con todo tu odio,
un sentimiento de culpa implantado,
un absurdo y repetido momento.

Pensemos

Pensemos que nos lleva el viento,
que no existe mayor muestra de asombro;
pensemos que nos acoge el sentimiento,
que resurge el fénix de los escombros.

Pensemos e idealicemos,
fantaseemos con la idea del amor,
que nos posea todo aquello que soñamos,
que desaparezca por un moemento el dolor.

Pensemos de nuevo,
que nos cale la lluvia del discurso,
que se salde aquello que te debo,
que termine de una vez este absurdo concurso.

Y ahora, que eres relámpago,
que lo has pensado todo,
despreciados todos los males,
sentidos todos los rencores,
acogidos los reproches malhumorados,
para y piensa,
una vez más,
¿qué, de todo esto, nos ha quedado?

Se me hace Enero cuesta arriba

Se me hicieron los labios añicos
de decirte que te quería,
de pasar noches en vela,
de prometerte amaneceres
que nunca recibirías.
Fue tan cobarde el tiempo,
las ganas de asombro,
los puñales bajo las sábanas
y este intenso olor a café
que apenas se va.

Se me hicieron pedazos los dedos
de escalar montañas más altas,
de luchar contra marea,
de intentar erigir castillos
que nunca habitarías.
Fue tan cobarde el alma,
el esconder lo simple,
el negar lo evidente
y el simple hecho de mirarnos
como quien otorga la verdad.

Se me hicieron volátiles las esperanzas
de esperar a que volvieras,
de sentarme a dejar el té frío,
de buscar respuestas
que nunca me darías.
Fue tan cobarde el corazón,
la necesidad de erradicar el fuego,
el sentimiento por el suelo
y la simple agonía
de quien no tiene piedad.

Se me hicieron tan largas tantas cosas
de contar meses en un calendario,
de intentar ser quien no era,
de convertirme en un yo fugaz
que nunca apreciarías.
Fue tan ilusa la cegera,
el pensar que no e…

Acciones sin pensar

Son las acciones
que creemos premeditadas,
las que más calibramos,
las sencillas pero de largo asentadas;
que crean las más profundas,
las más hirientes,
las más duraderas e irreparables
heridas en el alma.

Nos creemos caballeros,
protegidos por el amor de nuestras damas,
tachamos al mundo de demente
mientras nos engañamos en otras camas,
más cercanas,
más simples,
menos verdaderas,
sirvientes de razones faltas de corazón.

Malditas todas esas acciones
y la mano tonta de sus cobardes,
odiosas las luces de noche
y todos los pensamientos por los que ardes,
tras ellas solo hay silencio,
lágrimas a oscuras,
interiores rotos,
hipotéticos escenario que conjeturas son.