domingo, 16 de noviembre de 2014

Arrepentimientos futuros

¿No has sentido alguna vez que la vida se te escapaba de las manos? ¿O quizás que la lucha no valía para nada, que se iba la alegría por mucho que gritara tu corazón lleno de esperanza? Supongo que hoy es ese día para mi. De nuevo.

Busco en la mirada conocida un destello de alegría, una chispa que antes veía día a día y que creía indómita. Esa chispa que vagaba libre por mi cuerpo, que se avivaba con un simple vistazo, parece ahora taimada y sobria, como las caricias que van a morir a mi mar particular.
He querido darte la vida misma, la mía entera, en un intento de ser plena con la felicidad de otro que no era yo, que nunca sería mi más profundo sentimiento porque el cuerpo de uno nunca puede permutar. He querido despreocuparme del mundo para ser el mundo ajeno, para tener el universo paralelo del cuál hice la bóveda celeste entera como si de un puzzle se tratase. Un mundo, una bóveda y una pila infinita de iluciones vanas y absurdas basadas en los ojos cegados de luz y en las ganas de vivir.
Es curioso cómo uno se agarra a las cosas que le sobrevienen, por miedo a morir en ellas o a perderse en el camino buscando algo mejor, porque nunca sabemos el revés que nos prepara la vida a la vuelta de la hora, o tal vez por el miedo de morir solos, cuando en realidad todos acabamos solos, y en ese último suspiro, cuando ya no hay nada más posible, cuando las opciones han quedado reducidas a dejarse llevar; es entonces cuando estamos solos y repasando lo que hicimos y lo que no. Será entonces cuando me arrepienta quizás de un beso, de un poema o de una lágrima que nadie merecia.

Como consuelo me ahogo yo misma en las dudas y entre mis queridas máscaras, esas que la gente tanto quiere, esas que no son yo. O sí, quizás sí que sea una de esas caretas. La cosa es que ya no sé quién soy debido a ellas, quizás me haya perdido en todo ello, quizás nunca he sido yo sino una camaleónica actriz de circunstancias. Quizás no me encuentre nunca, o sea mañana un día de gloria. Hasta entonces es mi opción hacer de este momento algo borroso y empañado, por dolor interno o por el simple gusto de tener algo más de lo que arrepentirme, eso es lo de menos.

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