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Ojos de otoño

Caí en el azar
y en la pérdida de lo perdido,
gozando de victoria
inexistente y fortuita,
sencillamente azul
un reflejo de tu mirada
jugando con mis colores,
dura madera,
me envolviste.

He caído
en el pozo de tus encantos,
ingenua y taciturna
esperanza clama mi huida:
"Al albor de tus destellos
seguiré a quien me hechiza"
pasmada, comedida.

En ese bosque
de tus ojos de otoño,
he perdido mi voz
y mi voto,
he dejado a lo profundo
consumir mis alegrías,
y si por fortuna te encontrase,
serías esa luz,
clara y de día.

No hallo ni quiero,
la salida de mi enredo,
ni de mi manos
paseantes de tu pelo,
ni del amor,
siquiera del desenfreno,
de mi osadía de buscarte
sin descanso ni demora.

Encuentro al fin el agua,
oasis del desierto mío,
ilusión maldita
jocosa de mis emociones,
tiembla el desengaño
con suave canción de cuna.

Muero ahora
en estos versos
por la desdicha de no encontrarte,
de no tenerte,
de que no me ames.
Muero ahora
en este instante,
en el momento de tu ida,
en el anuncio de tu llegada.
Muero ahora
extenuada,
con la voz apagada,
sin razón
por la razón de mi vivir.

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Cada uno de vosotros

Los primeros amores sangran
como todos aquellos de verano,
media vida en las afueras
y aquel que personificaba lo vano.
Un avión al paraíso
y las fugacidades de un beso,
nos impulsamos sin quererlo a lo inadecuado,
tras años de pasión, un preso.

El adiós en las distancias
y la rabia de quien pierde el juego,
en esta historia unos cuantos sinsabores
y todo lo prometido que quemaste luego.
La más absurda de las farsas,
impulsivas decisiones y un triste trago,
ilusiones de humo y versos
y la pena que inundó un estrago.

Todos mis amores de tinta,
entierros de papel sin decoro,
cada uno de los hombres de mi vida,
flores de barro,
copas de vino vacías,
amaneceres sin sol
y todas las lunas escondidas,
una por cada uno de vosotros.

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

Acciones sin pensar

Son las acciones
que creemos premeditadas,
las que más calibramos,
las sencillas pero de largo asentadas;
que crean las más profundas,
las más hirientes,
las más duraderas e irreparables
heridas en el alma.

Nos creemos caballeros,
protegidos por el amor de nuestras damas,
tachamos al mundo de demente
mientras nos engañamos en otras camas,
más cercanas,
más simples,
menos verdaderas,
sirvientes de razones faltas de corazón.

Malditas todas esas acciones
y la mano tonta de sus cobardes,
odiosas las luces de noche
y todos los pensamientos por los que ardes,
tras ellas solo hay silencio,
lágrimas a oscuras,
interiores rotos,
hipotéticos escenario que conjeturas son.