martes, 12 de agosto de 2014

Sesión III: Cuando uno se harta de pensar

He estado dos días sin escribir, principalmente porque pasé tan mal rato la última vez que lo hice que no quería volver a experimentar esa sensación. Para qué mentir: empiezo a detestar esta tarea. No le veo la utilidad. ¿Para qué vas a querer pasar una hora al día pensando en preocupaciones que no son tal si llevas bien el día? ¿No es más práctico cortar esos pensamientos en el momento si nos vemos mal y seguir adelante? Sinceramente cada vez que hago esto pienso que es más dañino que beneficioso e intentaré dejar de hacerlo lo antes posible.

Pero mientras tengo que empeñarme en ello, he de decir que al menos he empezado a comer normal aunque luego me dé por pensarlo todo y yo sola me ponga nerviosa. Aunque al menos este fin de semana he tenido a mi familia y a la persona que más quiero a mi lado, apoyándome en cada cosa, cuidando de mi, picándome para que comiera o quedándose en vela si tenían que hacerlo para que yo me calmara y dejara de llorar. Y lo cierto es que después de llorar esa vez en silencio con la soledad de la habitación y él abrazándome, me sentí mucho mejor.

He de decir que no todo debe ser pensar en lo malo y que es de recalcar que para mi es muy importante el cambio de actitud que he visto en mis padres, porque han buscado una manera mucho más agradable de ser mis padres pero estando ahí, y aunque me haya costado una enfermedad y estar donde estoy, creo que merece la pena. Este fin de semana me ha servido para ver que tengo personas en mi vida que me quieren mucho y que me hacen muy feliz: el simple hecho de pasear por los pasillos de IKEA con mis padres y mi novio, viendo estoy y aquello e imaginando vivir en esos sitios, me hizo muy feliz. No sé qué haría sin ellos.

También es de mencionar que aunque he estado dos noches durmiendo acompañada de mi novio y las necesitaba porque me encontraba peor, anoche decidí forzarme a dormir sola en mi cuarto. No es que el primer día uno no se despierte de vez en cuando sobresaltado porque está solo, pero al menos es una manera de empezar a forzarme a las cosas, igual que con la comida, porque si no me fuerzo yo no lo puede hacer nadie en mi lugar.

Después de todo quedan muchos días por delante hasta mi próxima visita y posiblemente de aquí a entonces esté mucho más tranquila porque ya sabré a ciencia cierta que no me pasa nada más que muchos nervios y muchas cosas en la cabeza, y me reafirmaré en que todo esto de pensar las cosas tanto no soy yo. Las palabras no son para escribir tu historia tal cual, sino para escribir historias bonitas que cuenten algo, que lleguen al corazón y a los demás, no para llorar al lector que busca abrigo en las páginas de una buena novela, porque aún si el lector somos nosotros mismos releyendo nuestras palabras, no nos gustaría leer el miedo. Es como mirar a alguien a los ojos y saber que te odia o que te detesta: te miras a ti mismo y sólo ves lo débil que eras y que intentas cambiar, y para eso recrearse en las penas es completamente lo opuesto

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