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Sesión IV: Los problemas de los demás

Cuando uno se dedica a rumiar no sólo los problemas que uno mismo tiene, los que uno se crea y los que le aterra; para repensar también los problemas de la gente que tenemos más cerca, al final ocurre que nos dan ganas de coger a más de uno y decirle muy relajadamente que puede tener muchos años pero que su edad emocional se estancó en los dos años.
Hoy ha sido uno de esos días que me habían puesto de los nervios sin ni siquiera abrir los ojos, y si a eso le añadimos que hay alguien con un planning absurdo arremetiendo (el cual ni el mismo creador cumple por tareas añadidas aún más absurdas), mi estado emocional roza lo insoportable además de un precioso resorte añadido a mi pierna derecha que no deja de recordarme los nervios incipientes que no dejan de crecer.

Aparte de eso, la comida me sigue resultando algo a lo que tenerle respeto y no me atrevo a comer o a beber demasiado de golpe aún si tengo hambre, y me invade el miedo de volver a caer enferma. Intento comer pero algo en el subconsciente me dice: "Para o volverás a ponerte igual o peor de enferma".
Supongo que si esta noche consigo conciliar el sueño y dormir de seguido, mañana veré las cosas con más claridad.

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Cada uno de vosotros

Los primeros amores sangran
como todos aquellos de verano,
media vida en las afueras
y aquel que personificaba lo vano.
Un avión al paraíso
y las fugacidades de un beso,
nos impulsamos sin quererlo a lo inadecuado,
tras años de pasión, un preso.

El adiós en las distancias
y la rabia de quien pierde el juego,
en esta historia unos cuantos sinsabores
y todo lo prometido que quemaste luego.
La más absurda de las farsas,
impulsivas decisiones y un triste trago,
ilusiones de humo y versos
y la pena que inundó un estrago.

Todos mis amores de tinta,
entierros de papel sin decoro,
cada uno de los hombres de mi vida,
flores de barro,
copas de vino vacías,
amaneceres sin sol
y todas las lunas escondidas,
una por cada uno de vosotros.

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

Acciones sin pensar

Son las acciones
que creemos premeditadas,
las que más calibramos,
las sencillas pero de largo asentadas;
que crean las más profundas,
las más hirientes,
las más duraderas e irreparables
heridas en el alma.

Nos creemos caballeros,
protegidos por el amor de nuestras damas,
tachamos al mundo de demente
mientras nos engañamos en otras camas,
más cercanas,
más simples,
menos verdaderas,
sirvientes de razones faltas de corazón.

Malditas todas esas acciones
y la mano tonta de sus cobardes,
odiosas las luces de noche
y todos los pensamientos por los que ardes,
tras ellas solo hay silencio,
lágrimas a oscuras,
interiores rotos,
hipotéticos escenario que conjeturas son.