viernes, 28 de febrero de 2014

Muerte

Nadie sabe la muerte,
mensajero incrédulo
e inquisitivo,
todo lo observa,
todo le inquieta.

Nadie sabe la muerte
ni sus pasos sentenciosos,
aún anunciada
se duda,
el corazón aprieta.

Redimidos en habitaciones
de paredes de luz
y cántaros de arena,
ahogo en el vacío
a punta de escopeta.

Asustadizos los ojos
de quien duda
la fiereza de las almas,
vano intento
por alcanzar una meta.

Ni la misma muerte sabe
lo que la eternidad,
entre sus brazos de hielo,
le depara
o le deja en las llanuras.

Muriendo en vida,
sentimos la pena
del que no ama
o aquel que no quiere ver
ni la verdad más pura.

Muerte y vida simbiontes,
unidos por el paso de las eras,
cayendo lentamente
de su pedestal
y su armadura.

Acercándose el silencio
de una eternidad que no cesa,
mi tumba se cierra
y con ella mi muerte,
bendita si ésta mi tortura.

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